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viernes, 17 de abril de 2026

La gran transformación (Karl Polanyi)

 XV. EL MERCADO Y LA NATURALEZA (Karl Polanyi 1944)*

Lo que denominamos tierra constituye un elemento de la naturaleza entretejido inextricablemente con las instituciones humanas. Aislarla y convertirla en un mercado fue quizás la más extraña de las empresas de nuestros antepasados.

Tradicionalmente, la tierra y el trabajo no están separados; el trabajo forma parte de la vida, la tierra pertenece a la naturaleza, la vida y la naturaleza forman un todo articulado. La tierra está así, ligada a las instituciones de parentesco, vecindad oficio y credo --a una tribu, un templo, una aldea, un gremio y una Iglesia--. Por otra parte, un Gran Mercado es un arreglo de la vida económica que incluye mercados para los factores de la producción. Dado que esos factores resultan ser indistinguibles de los elementos de las instituciones humanas --hombre y naturaleza--, es posible advertir con facilidad que la economía de mercado supone una sociedad cuyas instituciones se subordinan a los requerimientos del mecanismo de mercado.

Esa proposición es tan utópica con respecto a la tierra como al trabajo. La función económica constituye una de las muchas funciones vitales de la tierra. Ella le proporciona estabilidad a la vida del hombre; es el lugar en el que reside; es condición de su seguridad física; es el paisaje y las estaciones. Nos es tan posible imaginar que el hombre nazca sin manos ni pies como que viva sin tierra. Y, sin embargo, separar la tierra del hombre y organizar la sociedad para satisfacer las exigencias de un mercado de bienes raíces constituyó una parte vital del concepto utópico de una economía de mercado.

Una vez más, en el campo de la colonización moderna se manifiesta el verdadero significado de esa empresa. No resulta relevante que el colonizador necesite la tierra debido a alguna riqueza oculta en sus profundidades, o que sencillamente desee obligar al nativo a que produzca un excedente de alimentos y materias primas; tampoco hay mucha diferencia entre que el nativo trabaje bajo la supervisión directa del colonialista o sólo bajo alguna forma de compulsión indirecta, pues en cualquier caso el sistema social y cultural de la vida del nativo tiene que ser destruido de manera previa.

Existe una gran analogía entre la situación colonial contemporánea y la de Europa occidental uno o dos siglos atrás. Pero la movilización de la tierra, que en las regiones exóticas pudo haberse realizado en unos pocos años o décadas, en Europa occidental  pudo haber tomado muchos siglos.

* Karl Polanyi, "La gran transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo". México, Fondo de Cultura Económica, 2017 (1944), p. 239.