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lunes, 18 de julio de 2022

Gandhi y la tecnología [1]

por Jean Robert [2]

Gandhi insistía en que lo que aplastaba a la India no era el pueblo inglés, sino la civilización moderna. Es “bajo el peso de este terrible monstruo que gime la India” [3] . Para Gandhi, la raíz de “la civilización moderna” es el maquinismo, que más que el conjunto de todas las máquinas, es la creencia en su bondad, y, más profundamente, la negativa de ver las virtudes del trabajo personal y comunitario, hecho con herramientas simples; es también el desprecio a la autonomía de la persona.

El maquinismo descansa en esta falacia: el esfuerzo humano puede sustituirse por arreglos técnicos e institucionales que producen cosas buenas – bienes y hasta el bien—en lugar nuestro y casi en nuestra ausencia. La máquina dice al hombre: “Ya no trabajes, lo haré en tu lugar y serás libre”. Con ese engaño lo transforma en su esclavo. Durante mucho tiempo hemos confundido a estos “hacedores” mecánicos con herramientas y falsamente les hemos atribuido la lógica de los fines y de los medios.

Gandhi no cometió tal error de juicio. Este simple hecho lo califica como gran pensador. Nunca rechazó la racionalización o el perfeccionamiento técnico de las herramientas. Simplemente se rehusó a atribuirle a las máquinas la cualidad de herramientas o, mejor dicho, se negó a incluir en la categoría de las herramientas cualquier artefacto que pretende volver inútil a un hombre. Lo que él llamaba “las máquinas” pertenece, según él, a una clase distinta, ajena, desconocida por todas las tradiciones de la India. La herramientas ayudan al hombre a trabajar; las máquinas vuelven inútil el trabajo y, pronto, al hombre mismo. Las herramientas pueden definirse como medios distintos a sus fines. Las máquinas, en cambio, abolen la posibilidad de una distinción clara entre medios y fines: ya nadie puede decir claramente que son “medios” y se vuelven perversamente “fines”. Parecería incluso que el fin de la vida humana consiste en servirlas. Las herramientas alientan la labor autogestionada [4]. Las máquinas tienen que ver con el Empleo. Más exactamente, fomentan empleos para destruirlos en seguida, fomentan Empleo nuevo destruyendo Empleo viejo en mayor medida. Este movimiento se llama “modernización” y, desde Schumpeter, se define como “destrucción creativa”.

[......]

[1] Publicado en la revista Ixtus. Espíritu y Cultura, 1998.

[2] Derechos de Sylvia Marcos

[3] Hind Swaraj, Cap, VIII. 

[4] 

[Mientras se vuelven a publicar los libros, ensayos y artículos de Jean Robert escritos en varios idiomas durante un período de 50 años en México y otros lugares, se puede leer el texto completo en: https://1drv.ms/b/s!Aj0eqThkCoELuxlePxx_zDrXKdBg?e=7LMh2M]

[Este texto de Jean Robert fue leído en la sesión #20 del Seminario de lectores de
Jean Robert y fue comentado por su gran amigo Pietro Ameglio el 4 de abril de 2022,
seguido de preguntas y comentarios de los participantes. Ver en siguiente enlace: https://youtu.be/irbSRjOVhvw]



viernes, 3 de junio de 2022

Gustavo Esteva sobre "Una epistemología en tiempos de crisis" (Jean Robert 1988)

En septiembre de 2021, tuvimos el privilegio de escuchar a Gustavo Esteva comentando sobre una reseña escrita por Jean Robert (ambos amigos de Iván Illich) "Una epistemología para tiempos de crisis (V). De la república de los sabios a la moledora de certidumbres" en los años ochenta en un espacio de crítica social dirigido por Esteva (El Gallo Ilustrado, La Reforma, México 1988) ...en ese momento no sabíamos que, al menos para algunos de los participantes, sería la última vez que veríamos a Gustavo. [Se puede ver un fragmento de la semblanza de su amigo Jean que nos obsequió, en ocasión de la lectura del texto en Seminario de Lectores de Jean Robert, pinchando en: https://youtube.com/clip/UgkxC5a_FWJdS_fDzNd6sDnGxVx6u0mvuzqu]






Presentación de Los cronófagos de Jean Robert (2021) en Wayruru Café Cultural de La Paz (Bolivia)

Este video muestra la presentación semipresencial el jueves 7 de abril (2022) en Wayruru Café Cultural de La Paz del libro de Jean Robert “Los cronófagos. La era de los transportes devoradores de tiempo” (México, Ítaca 2021). Un libro demoledor de las certidumbres modernas (velocidad, espacio, tiempo) respecto al transporte motorizado de pasajeros en la modernidad tardía de fines del siglo XX y que se ha vuelto más que contraproducente en este siglo. Estuvieron presentes Katherine Fernández como moderadora, Hernando Calla, Juan Carlos Guzmán en La Paz y, de manera virtual, Fernando Antezana desde Cochabamba, Grimaldo Rengifo desde Lamas (Perú), Elías González de Guadalajara y desde Cuernavaca (México) Alicia Dorantes y Sylvia Marcos, la compañera de vida de Jean Robert.

Todos ellos nos obsequiaron magníficas reseñas, comentarios e historias de “Los cronófagos” y de su autor, Jean Robert, nacido en Suiza de formación arquitecto urbanista y temprano activista contra el predominio del automóvil en Ámsterdam, y que en compañía de Sylvia se asentó en Cuernavaca (Morelos) y se hizo intelectual desprofesionalizado publicando innumerables libros, ensayos y artículos de crítica social sobre una amplia gama de temas fundamentales en México y otros países. Fue también profesor universitario, filósofo callejero, pensador caminante y amigo tertuliante desde la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y La Salle de Cuernavaca.

Te invitamos a ver el video Youtube de esta tertulia informada y gentilmente grabada por Héctor Betancourt, animador del Dragón de Jade. Le seguirá próximamente otro video del evento más presencial en el Wayruru cuya anfitriona Raquel Romero nos recibió cordialmente en la fecha para esta memorable presentación y tertulia [Ver en siguiente enlace: https://youtu.be/qWPYNxonhs8].







La guarda del ojo en la época del show

por Jean Robert

"Sin embargo, el historiador de la mirada debe reconocer que ningún régimen escópico ejerce un monopolio absoluto sobre su tiempo. Formas pasadas de mirar sobreviven. La mirada psicopódica que toca los objetos puede volver esporádicamente como una carroza en el tiempo de los carros. El monopolio de los transportes motorizados no ha logrado paralizar mis pies. Me es aún posible caminar en la ciudad. Puedo aún mirar activamente, lo cual significa lo contrario de la integración a sistemas interactivos. Quizás es en estos remanentes de regímenes escópicos pasados donde puedo recobrar libertad y dignidad. Para no entregarme, no dejarme absorber por los shows y juegos interactivos puedo, contra la lógica de esta edad escópica, reconstruirme un punto de vista. Puedo cometer actos selectivos de renuncia y de irreverencia. Puedo romper el encanto, cortar la conexión, desenchufarme".
Jean Robert, "La guarda del ojo en la época del show", Cuernavaca 2004 [El texto completo se puede leer en siguiente enlace: https://1drv.ms/b/s!Aj0eqThkCoELvAMqLp9GpmFMxjmF?e=8kJumy]

[Este artículo de Jean Robert fue leído en la sesión #19 del Seminario de lectores de
Jean Robert y fue comentado por la Dra. Silvana Rabinovich el 21 de marzo de 2022,
seguido de preguntas y comentarios de los participantes. Ver en siguiente enlace: https://youtu.be/M9SON9AHirM]




sábado, 2 de abril de 2022

La destrucción de la “capacidad de hacer ciudad”

 (hacia una “sintaxis” del urbanismo popular)

 por Jean Robert

En esta sección, se abordan formas de despojo que no se pueden caracterizar como delitos porque generalmente no infringen leyes o reglamentos existentes. Además, son despojos que no se pueden siempre definir como violaciones de derechos individuales.

     En esta categoría cae la destrucción de los tejidos sociales. Lo que se define así no tiene dueño individual ni se puede defender como un derecho individual: su destrucción no afecta necesariamente los intereses inmediatos de ciudadanos particulares. Lo que afecta es un sentimiento general que podríamos definir como la amenidad de la experiencia urbana, la esperanza razonable de no sufrir agresiones en las calles o hasta de tener conversaciones amables con mis vecinos. La destrucción de los tejidos sociales no es el robo de una propiedad. Es la destrucción de un bien común, de un ámbito de comunidad, de “a commons” como dicen sucintamente los anglohablantes.

     De forma general, lo que se pierde en esta destrucción, es la capacidad ciudadana de “hacer ciudad”. Esta destrucción confronta a los ciudadanos a un monstruo urbano en él que no se reconocen, a un producto enajenado de su trabajo.

     Hemos intentado definir varias formas de las relaciones “poli-poéticas” (creadoras de ciudad) actualmente amenazadas.

Las relaciones de soporte mutuo

     Hace relativamente poco tiempo, en una calle típica de una ciudad, existía un orden profundo entre las actividades de varios tipos de esta misma calle. Como no obedecía a ninguna planeación, este orden podía parecer caótico. Lo podríamos definir como la complementariedad espontánea entre actividades económicas vecinas o actividades “de proximidad”. Por ejemplo, una vendedora de botanas colocará su puesto a proximidad de una escuela. Es posible que un vendedor de bebidas gaseosas escoja poner su changarro a proximidad del puesto de botanas. Se establecen así relaciones de soporte mutuo entre la escuela y los puestos de botanas y de bebidas. En el curso de los años, tales relaciones se entrelazan y estructuran las calles, constituyendo un patrimonio intangible.

Las asociaciones

     Los clubs de foot-ball de barrio, las pequeñas corales, las asociaciones deportivas, los círculos de debates de todo tipo, las tertulias son parte del tejido social de una ciudad. Constituyen otro patrimonio intangible amenazado de depleción por los grandes proyectos frecuentemente inútiles.

La prosperidad de los pequeños y medianos comerciantes

     Estos comerciantes, que son locales, no sólo reinvierten sus ganancias en la ciudad, sino que suelen participar en su vida asociativa. Las mega-tiendas, que exportan sus ganancias a bancos extranjeros, arruinan a los comerciantes locales, fomentan miseria y destruyen las asociaciones.

Las formas de diseño urbano que contribuyen a la seguridad sin necesidad de policías

     Se sabe que por lo menos tres características contribuyen a la seguridad de una calle:

-         una clara demarcación entre lo público y lo privado (debe haber umbrales claros);

-         que las casas tengan “ojos”, es decir ventanas sobre la calle;

-         que haya una gran diversidad en las razones de los transeúntes por estar en la calle.

Otros patrimonios intangibles son: 

La diversidad social de los habitantes de la ciudad.

     Si existe esta cohabitación de gente de varias condiciones, se crean fácilmente relaciones de soporte mutuo entre los más ricos y los menos ricos. En muchas ciudades, se establecen “mancuernas” entre un barrio de clase media cuyos habitantes buscan servicios de jardineros, de amas de llaves o de limpiadores de albercas y un barrio popular que ofrece estos servicios. Ejemplo: las relaciones entre los barrios de Las Delicias y de la

 Barona en Cuernavaca.

     A contrario, los barrios habitados por gente de la misma clase social son generalmente guetos, “gated communities”, conjuntos habitacionales guardados por una “pluma”.

 La visión del urbanismo como un “baile social”

o como una conversación entre interlocutores diversos

y no como un simple catálogo de equipamientos

      En el urbanismo tradicional, como en los barrios populares, cada habitante de la ciudad intentaba decir o hacer su parte en el concierto general. Las calles siempre estaban pobladas por gente a pie que se encontraba, se interpelaba, conversaba. Esta vivacidad de la vida callejera reflejaba una pluralidad de intenciones de la cual, como en una conversación no dirigida, podía nacer una complejidad poli-temática.

     En cambio, la planificación urbana contemporánea es monotemática; es una planificación desde arriba en la que el ciudadano se ve despojado de toda participación efectiva. Su tema dominante es la ganancia económica, la especulación.

 Los barrios llamados informales, despectivamente llamados “barriadas”

     Estos son otro patrimonio intangible por ser condensados de experiencias urbanas pasadas, como el uso intensivo del espacio y frecuentemente, al mismo tiempo laboratorios de experiencias sociales novedosas, como la creación de “hamacas” de apoyo mutuo entre vecinos. El caso ejemplar es aquí el de Perú, que, en los años 1960 y 1970, sirvió de modelo en toda América latina.

     En 1957, la Comisión para la Reforma Agraria y la Vivienda publicó un documento innovador que fomentó un cambio de actitud general. Antes de 1957, los barrios “informales”, “callejones” o “conventillos” se veían como un “problema” y tenían que ser rodeados por bardas librando los visitantes y turistas de su “incómoda vista”. Después de 1957, se vieron como “parte de la solución”, cayeron las bardas y fueron llamados pueblos jóvenes. Se reconoció que el sector informal construía aproximadamente la mitad de las viviendas y constituía el mayor potencial constructor de la nación. En vez de las políticas de erradicación u ocultación, se diseñaron políticas de apoyo.

     A partir de la experiencia de Perú, en muchos países de América latina, se empezó a revalorar la contribución del sector informal, no sólo a la construcción de viviendas, sino al urbanismo mismo y a la vitalidad de la ciudad. En 1976, la conferencia “Habitat” de Vancouver sobre los asentamientos urbanos convocada por las Naciones Unidas celebró las aportaciones al urbanismo del sector informal, es decir de los pueblos jóvenes y otros barrios auto-edificados y auto-administrados de las ciudades. En condiciones de extrema precariedad, gente joven y dinámica redescubría el “arte de hacer ciudad”, edificando barrios poli-céntricos con usos del suelo diversificados. Muchos cultivaban jardines urbanos. Redescubrían que la convivencia urbana no es un asunto de dinero, sino de subsistencia común.

     En México, gente oriunda de diversas partes del país, recreaba sustituto de las relaciones de parentesco tradicionales constituyendo verdaderas “hamacas de apoyo mutuo”.

     Hace más de 40 años, varios países de América latina, siguiendo el ejemplo de Perú, se orientaron hacia políticas de apoyo de los constructores autónomos practicando la autogestión más que la autoconstrucción de sus viviendas.

     Desgraciadamente, desde el inicio de las políticas neoliberales en los años 1980, estas políticas han sido ridiculizadas y luego suprimidas, lo que constituye un atropello mayor contra las iniciativas populares, la amenidad de la ciudad, la diversidad y la seguridad de las calles.

[Este texto de Jean Robert fue leído en la sesión #18 del Seminario de lectores de Jean Robert y fue comentado por la Dra. Silvia Grünig el 7 de marzo de 2022, seguido de preguntas y comentarios de los participantes. El enlace al video en Youtube aquí: https://youtu.be/UybieHpbFQs]



lunes, 21 de marzo de 2022

PUTIN: HEGEMONY AND DOMINATION *

by Fernando Mires (March 11, 2022) **


[Nos hemos permitido traducir (sin autorización) al inglés este artículo indispensable de Fernando Mires sobre la diferencia entre hegemonía y dominación como conceptos clave para entender la invasión militar de Putin a Ucrania (y su consecuente derrota política hegemónica a nivel internacional), una diferencia que pareciera no captan algunos connotados comentaristas (influencers) de estos crímenes de guerra en curso...]

If we are to use the concept of hegemony in political language, we cannot do so without mentioning Antonio Gramsci. It is his central concept, the axis where he articulates his entire conception of politics. Hegemony, in the Gramscian sense, cannot in turn be explained without using the word "consensus" which, in order to be such, has to emerge from differences. There can be no hegemony without differences, and this is what links the concept of hegemony to politics.

1.

Politics is a struggle for power. On this point, Max Weber and Carl Schmitt were right, each in his own way. But they both failed to add the two key words: hegemonic power. Without an appeal to the hegemonic, the struggle for power ceases to be political. Much closer to Gramsci than to the two authors cited above, Hannah Arendt differentiated between power - a political concept for her - and violence - an anti-political concept. According to Arendt, where violence reigns there is no struggle for power.

The use of violence - and we are inevitably thinking of the most violent being of our era: Vladimir Putin - is the negation of politics. Expressed in Gramscian terms, in the struggle for power there is a hegemonic struggle between politics and violence. Where violence reigns, politics disappears. This is what Arendt emphasized.

According to Gramsci, it is a matter of opposing the power of politics to the power of violence. This is the reason that led Ernesto Laclau to discuss the impure (diffuse, opaque) character of hegemony. To be hegemonic, or leading, politics needs to be orchestrated, and its musicality has to emerge from diverse instruments. Without heterogeneity and antagonism, there is no politics. Democracy, seen from this perspective, is the field of encounter and confrontation between diverse demands, interests and ideals, and for this to take place, it needs institutions, among them those of the representatives and those of the represented. In other words: politics, even without parliaments, must be parliamentary (spoken, discursed, grammatised). This is how Gramsci led us to think about the difference between the ruling class and the dominant class. Democratic politics would be the struggle for leadership (hegemony) and not domination. The former is the aim of the political, the latter of the military.

2.

The social struggle, as understood by Gramsci, is not a brutal confrontation but, above all, a cultural struggle. Without cultural hegemony there can be no political hegemony, this is how his dictum can be summed up. However, as he did not live in the era of globality, his references only pointed to the internal politics of each nation. It was an American political scientist and politician, Joseph Nye jr., advisor to Clinton and Obama, who would explicitly attempt to extend the Gramscian concept of hegemony to the plane of international confrontation.

Nye developed his well-known theory of "soft power" as opposed to "hard" power based on military domination. Needless to say perhaps, Nye's writings were warnings and then consequences of the military and anti-political atrocities committed by Bush Jr, especially in Iraq. Thanks to Bush Jr. the US lost enormous hegemonic (deterrent) power over vast areas of the globe. Today, Joe Biden is trying to regain it, with difficulty.

In his most popular book The future of Power (2011) Joseph Nye posits that soft (or hegemonic) power is a complicated instrument: first, many of its vital resources are outside the control of governments and, second, it tends to "work indirectly by shaping the environment for policy, and sometimes takes years to produce expected results". The book identifies three broad categories of soft power: "culture", "values" and "politics". Addressing the first point, that of culture, Nye contradicts Samuel Huntington who sees between cultures only a clash or collision. According to Nye, the cultural struggle - here he draws on Gramsci - takes place through persuasion, argument, and convincing.

Like Gramsci, Nye tries to return international politics to its original Greek conception: verbal antagonism, no longer in the public square but in the space of the global polis, virtual and real at the same time. Politics must be convincing, if not for all, then for the majority. In this sense, the 141 nations at the UN that condemned the aggression against Ukraine inflicted on Putin one of the most thunderous political defeats that any ruler in the history of international politics has ever experienced. A political defeat that has not dampened the despot's fury at the martyred Ukrainian people. On the contrary, it seems to have fueled it. That is why it has been written so often that not despite, but because of Putin's likely military victory in Ukraine, he will only win a moral, cultural and political defeat whose enormous consequences are still hard to mention.

It would certainly not be the first time that a victory of dominance over hegemony resulted in a heavy political defeat. In Sparta's wars against Athens, Sparta annihilated Athens. But who talks about Sparta today? The ideas of Athens, on the other hand, illuminate the cultural horizon of all times.

Joseph Nye, discovered where the West's main strength lies: in its ability to hegemonize. The very waves of migration to Europe prove it: which migrants want to go to Russia? Naturally, the vast majority are driven by the possibility of prosperity, but between doing so freely or not, they choose the former. The West remains, whether it wants to or not, a shining beacon that attracts young Muslims, Chinese, Russians and others. That is why the West is a danger to autocracies and dictatorships. As West Germany was for East Germany. As democratic and prosperous Ukraine was and is to militarized and despotic Russia.

3.

China or Russia do not fear the economy, or even the armies of the West, but they do fear the promise of freedom offered by the West. The West, which in political terms is not a geographical point but the signifier that links all nations where political plurality, freedom of thought, division of powers, and the rule of law prevail. In short: democracy.

Democracy, for criminals like Putin - in this he agrees with the most fundamentalist tendencies of Islam - is obscene. On that point, a faithful believer in the most conservative Christianity, that of the Russian Orthodox Church, Putin has launched an anti-democratic crusade against the West. Ukraine is to be punished for its Westernness, that is, for not wanting to be Russian but for wanting to be Western.

Putin has become the standard-bearer of the anti-democratic counter-revolution of our time. He could even have become the hegemonic core of that counter-revolution. But that is no longer possible. Because Putin, by resorting to violence without politics against the Ukrainian people, has renounced hegemony, even among the countries that follow him. Between hegemony and domination, he has definitely chosen domination.

The particularity of Putin's domination had been, before the war in Ukraine, that of a hybrid power. To be sure, Putin falsified election results, persecuted or murdered dissidents, banned parties, and yet retained some forms of a democratic republic. But the war waged against the Ukrainian people has determined Putin's political defeat.

Outward violence has soon turned into inward violence. Russia's prisons are full of political prisoners. Freedom of opinion and freedom of the press no longer exist. Words like "war" and "invasion" have been outlawed. There was a self-coup in Russia and nobody wants to say so.

The impossibility of exerting hegemony outwards has invalidated Putin's hegemonic power inwards. Before the invasion of Ukraine, Russia's dilemma was whether to be an autocracy or a democracy. After the invasion, Russia's dilemma is either to fall under military dictatorship or totalitarian domination. Most likely it will be more the former than the latter. In digital times it will be very difficult to exercise total control over minds as in Stalin's Russia. Putin does not even have a fundamentalist ideology like Marxist-Leninism. His ideological mentors, like Ivan Ilyin yesterday and Aleksandr Dugin today, are defenders of an atavistic, racist, patriarchal and nineteenth-century Slavism that nobody, excluding fascists (or Putinists, today they are the same thing), is attracted to in the West. In the end, everything indicates that only a new democratic revolution could save Putin's Russia. But for now this alternative is just wishful thinking. Let us say no more about it.

What is worth noting is that Putin's invasion of Ukraine has marked with deep lines the three geopolitical powers that will determine the history of the 21st century. China, as a technological and military economic power. Russia, as a military power. The West, as a hegemonic political power that does not renounce the military. The constant among these three powers is "the military".

We do not know if we are already in the third world war, as Noam Chomsky claims. So far Russia has lost the political war to the West and Putin, with an atomic bomb in each hand, is trying to win the military war by blackmail. The West, under these conditions, cannot give up, indeed it must increase the attraction of its hegemonic power. But this, however important and decisive it may be, cannot exclude its military defence. The Athens of today must not allow itself to be overwhelmed by the Spartans that beset it. The hegemony proposed yesterday by Gramsci and now by Nye, must also be defended with weapons. Unamuno's phrase, "you may win [vencer] but you will not convince [convencer]" is of no use in the midst of the war that Putin has declared on the West with his invasion of Ukraine. Today it is not just a question of convincing, but of winning.

Let us explain: we have said that there are two types of struggle, the struggle for hegemony and the struggle for domination. In the West, the former prevails. But that does not mean that in the struggle against anti-democratic powers, especially against a bloodthirsty ultra-nationalist like Putin, a scoundrel who excludes the political means of struggle, one should not defend oneself against domination. On the contrary. As Ecclesiastes (3.8) says "there is a time for peace, and there is a time for war". The important thing is not to confuse the times. Today we live in times of war.

4.

Liberal democracy cannot be liberal with its enemies when they, like Putin, have become existential enemies. In addition to military power, the West can count on an economic power that Putin does not have and a hegemonic political power that it will never have. Now, because of the predominance of the political over the anti-political, the West is in a position to agree occasionally with non-democratic nations. And it is clear that we are now talking about China, owner of immense economic and military power, but with a low hegemonic and/or political intensity.

The occasional agreement between the West and China is an alternative that cannot be lost sight of. Both China and the West have much to lose in a third world war. We will never be China's perpetual ally, and that is a good thing. But the political art, which the Chinese also know internationally, could and should lead to Putin's total global isolation. For the sake of the now immolated Ukraine. For the sake of China and the West. For the sake of Russia itself. And above all, for the sake of all the inhabitants of this land.

To put it in Gramscian terms, it is a matter of ensuring the hegemony of political peace over that of war, without the latter disappearing as a possibility. War - Clausewitz's phrase is still valid - is the continuation (but also the origin) of politics in other forms. But it is so in the same sense as death is the continuation of life in other forms. And this world, we must not forget, belongs to the living.

* From the Spanish original at: https://polisfmires.blogspot.com/2022/03/fernando-mires-putin-hegemonia-y.html

** Fernando Mires is a Chilean Prof. Emeritus at the University of Oldenburg

*** Translated with www.DeepL.com/Translator (free version) ***

 

viernes, 18 de marzo de 2022

AUTONOMÍA

 


por Gustavo Esteva*



Términos clave: autonomía, democracia radical, patriarcado, modernidad

Hoy la autonomía alude a actitudes, prácticas y posiciones que cubren todo el espectro ideológico, desde el autogobierno de individuos soberanos hasta verdaderos movimientos que adoptan la democracia radical como horizonte de emancipación que rebasa el capitalismo, el modo industrial de producción, la modernidad occidental y el patriarcado. Más que autonomía, lo que hay son autonomías, sea en la realidad o como proyectos políticos, como mitos movilizadores y como horizontes: como lo que todavía no es.

En consecuencia, excluyo de este ensayo dos escuelas de pensamiento y acción que en mi opinión no son alternativas verdaderas al régimen dominante:

-          La escuela individualista, a veces llamada “libertaria”, y sus agrupaciones de egoístas voluntarios (Stirner), que normalmente funcionan dentro del seudo anarquismo capitalista.

-          La escuela socialista, leninista y supuestamente anticapitalista, que reduce la autonomía a una forma descentralizada de administrar los poderes verticales del Estado al interior de estructuras de dominación que se justifican como requisitos para la transición al socialismo. La autonomía como autoactividad de la multitud (Negri, Virno) pertenece a esta escuela, como todos aquellos enfoques que tratan de las masas, no el pueblo.

Vayamos al meollo del asunto y a las alternativas que ofrecen posibilidades reales.

La palabra “autonomía” es muy antigua. En el siglo XVII, en Europa, el término griego podía usarse ya sea para referirse a la libertad otorgada a los judíos que vivían según sus propias leyes o para deliberar sobre la autonomía kantiana de la voluntad individual. Varias escuelas de pensamiento y acción europeas adoptaron el término en el siglo XX para caracterizar sus posiciones y aspiraciones. En el resto del mundo, otras nociones, actitudes y prácticas que hoy se llamarían autonómicas han existido desde tiempos inmemoriales.

Para entender los debates actuales, podemos diferenciar entre la ontonomía, las normas endógenas tradicionales que siguen vigentes por doquier; la autonomía, que remite a los procesos por los cuales un grupo o comunidad adopta nuevas normas; y la heteronomía, cuando son otros los que imponen las reglas. Los movimientos autonomistas intentar ampliar tanto como sea posible los ámbitos de la ontonomía y la autonomía.

Una nueva constelación semántica que surge de los movimientos sociales y políticos de emancipación comparte, al menos parcialmente, los siguientes elementos:

Va más allá de la democracia formal. Tanto Grecia que acuñó el término “democracia”, y Estados Unidos que le dio su forma moderna, eran sociedades con esclavos. Durante los últimos 200 años, formas suavizadas de esclavitud se cobijaron u ocultaron en regímenes que el gran intelectual negro W.E.B. Dubois caracterizó adecuadamente como despotismo democrático. La democracia participativa no ha logrado eliminar la verticalidad de las sociedades democráticas, regidas por dictaduras profesionistas en las que los profesionales asumen poderes legislativos, ejecutivos y judiciales en cada campo e impiden la participación de la gente común en las funciones de gobierno.

El desencanto con la democracia es hoy universal. El llamado de los zapatistas a despertar, en 1994, colocó a la autonomía en el centro del debate político. “¡Basta! ¡Que se vayan todos!”, dijeron los argentinos en 2001. “Mis sueños no caben en su ánfora electoral”, afirmaban los “Indignados” en España. Occupy Wall Street permitió a millones de personas, en Estados Unidos, reconocer finalmente que su sistema está al servicio del 1%. Todavía hay intentos de reformarlo, pero muchas luchas tratan más bien de ampliar, fortalecer y profundizar los espacios en que la gente pueda ejercer su propio poder. Están construyendo la democracia literalmente desde las raíces, una en la que la gente común pueda asumir el poder del Leviatán, libre de hablar, optar y actuar (Lummis 1996). Los intentos de este tipo son innumerables y están por todo el mundo. Por ejemplo, el Congreso Indígena Nacional de México, con el apoyo de los zapatistas, lanzó el 1ro de enero de 2017 una propuesta para la creación del Consejo de Gobierno con base tanto en las autonomías indígenas como las no indígenas. En vez de tratar de capturar el aparato estatal, diseñado y funcionando para el control y la dominación, están intentando desmantelarlo y crear instituciones donde la práctica de mandar obedeciendo pueda prosperar.

Más allá de la sociedad económica. Los movimientos autonomistas, visibles ampliamente en América Latina, no sólo están desafiando a la globalización neoliberal, sino también están actuando explícitamente en contra del capitalismo sin volverse socialistas. Algunos no sólo están intentando acabar su dependencia del mercado o el Estado, sino están también rompiendo con el “supuesto de la escasez” que define a la sociedad económica: la premisa lógica de que los deseos humanos son enormes, por no decir infinitos, mientras que sus medios son limitados. Ese axioma crea un problema económico por excelencia: la asignación de recursos a través del mercado o el plan. Por el contrario, estos movimientos adoptan el “principio de la suficiencia”, evitando así la separación entre medios y fines tanto en términos económicos como políticos. Sus luchas adoptan la figura del resultado que pretenden lograr.

Más allá de la modernidad occidental. Hay cada vez más personas que hacen esfuerzos por desvincularse de las verdades y valores que definen a la modernidad occidental en la que llegaron a creer. La mayoría de ellos aún no puede encontrar un nuevo sistema de referencia. Enfrentados con esa pérdida de valores y orientación, algunos pueden volverse fundamentalistas. Sin embargo, otros pueden llegar reconocer la relatividad de sus antiguas verdades, sumergirse en diferentes formas de radicalismo, y practicar nuevas formas de conocer y experimentar el mundo, participando en la insurrección de los saberes sometidos. Con la inspiración de Raimon Pannikar, ellos reemplazan a los nombres que crean dependencia –la educación, salud, alimentación, morada, etc.– con verbos que les devuelven su agencia personal, su autonomía: aprender, curar, comer, morar. Reconocen al individuo como una construcción moderna de la que ellos se desvinculan, a favor de una concepción de personas como nudos en redes de relaciones, que constituyen a los muchos nosotros de verdad que definen una nueva sociedad.

Más allá del patriarcado. Varias escuelas feministas participan en movimientos autonomistas que van más allá de las visiones convencionales en sociedades postpatriarcales. Un claro ejemplo es la sociedad zapatista, donde la política y la ética, y no la economía, están en el centro de la vida social, y el cuidado de la vida, las mujeres y la Madre Tierra tienen la más alta prioridad. En estas sociedades, las prácticas autónomas caracterizan todas las facetas de la vida cotidiana, normadas a través de procesos democráticos que organizan comunitariamente el arte de la esperanza y la dignidad.

* Traducción (no autorizada) de Hernando Calla del original Autonomy en “Pluriverse. A Post-Development Dictionary” (Varios editores, Tulika Books, 2019)

 

Referencias adicionales

Albertani, Claudio, Guiomar Rovira y Massimo Modonesi (Coord.) (2009), La autonomía posible: Reinvención de la política y emancipación. México: Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

Dinerstein, Ana Cecilia (2015), The Politics of Autonomy in Latin America: The Art of Organizing Hope. Hampshire, England: Palgrave MacMillan.

Enlace Zapatista, http://enlacezapatista.ezln.org.mx.

Linebaugh, Peter (2006), The Magna Carta Manifesto. Berkeley: University of California Press.

Lummis, Douglas (1996), Radical Democracy. Ithaca: Cornell University Press.

Pannikar, Raimon (1999), El espíritu de la política. Barcelona: Península.

 

Gustavo Esteva (1936 - 2022) es un activista e intelectual desprofesionalizado. Columnista en La Jornada y ocasionalmente en The Guardian, participa en organizaciones de base locales, nacionales e internacionales, y es autor de numerosos libros y ensayos.