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lunes, 2 de octubre de 2023

JEAN ROBERT: PENSAR SIGUIENDO A ILLICH (Thinking After Illich)

 JEAN ROBERT: PENSAR SIGUIENDO A ILLICH (Thinking After Illich)*

"Personalmente pienso que debiéramos leer a (Iván) Illich en conexión con las situaciones del presente. Algunos de nosotros somos relativamente mayores (soy uno de los más viejitos), pero lo que no debemos olvidar es sobre todo que hay personas alrededor (la mayoría más jóvenes) que mantienen la esperanza, no renuncian a la esperanza, o como dicen mis amigos palestinos, son prisioneros voluntarios de la esperanza. Los escritos de Iván (Illich) de los 1970 les devolvió a muchos (yo soy uno de ellos) la esperanza de que se podían invertir de alguna forma los moldes mentales de una sociedad singularmente destructiva mediante la fuerza del pensamiento, la imaginación, la amistad, los actos de renuncia selectivos y... algunas llaves ajustables bien colocadas!
Este es el tipo de esperanza que 'La convivencialidad' me dio, por ejemplo, hace 35 años.
La crítica se basaba por entonces en el supuesto de que las instituciones eran herramientas. En la actualidad, este supuesto no puede sostenerse más, con la sola excepción que por esa misma razón se vuelve paradigmática: el transporte. Puesto que los vehículos SON herramientas, el análisis de la contraproductividad funciona aquí. Pero hay también esa otra dimensión, que se puede analizar mejor en las escuelas y los hospitales: las instituciones moldean las necesidades de los usuarios según requisitos institucionales.
Sin el pilar de la definición instrumental de las instituciones, el concepto de contraproductividad pierde su contundencia, al mismo tiempo que, vistas a través de los análisis de los 1970, son de hecho cada vez más terriblemente contraproducentes.
Entonces, ¿qué son las instituciones, si no son "herramientas"? ¿Son ellas, como diría Agamben, "dispositivos" cuya función consiste en desmontar y remodelar a los sujetos, agencias de "desubjetivación" y "resubjetivación"? Esta avenida me parece transitable, pero ¿no es también tremendamente desencarnada? Debería complementarse con las historias del cuerpo, la materialidad de las cosas (stuff), la auto(per)cepción, la mirada, de las que habla Barbara (Duden).
Si es así, cómo podemos expresarlo en lenguaje ordinario, en diálogo por ejemplo con aquellos jóvenes que, en el país traumado en que vivo, están leyendo a Illich en busca de orientación política, uno de ellos, un líder bien conocido?
Puede que suene a nostalgia, ¿como un deseo de volver a un mítico "tiempo pasado mejor"? Pero no es eso; es más bien que percibo que la situación está madura para algo. Agamben habla de devolver las ideas al lenguaje de uso común. Yo hablé de que intentemos refutar (falsify) a Illich en el sentido de Popper, para ver qué parte central de su crítica a la sociedad industrial --de la que él quería escribir un epílogo-- todavía es aplicable a la amenazante, aunque aún no inevitable, Era de Hierro de los Sistemas".
*Jean Robert, comunicación epistolar con sus amigos (29/03/2010). Traducción no autorizada de HC (1ro Octubre 2023)
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Jean Robert (él prefería lo llamen Juan Roberto) dejó este mundo el 1ro de octubre del 2020 en Cuernavaca (México), aunque había nacido por accidente en Suiza en 1937 antes de cruzar el Atlántico para venirse muy joven en 1972 a quedarse definitivamente en su país de adopción con su compañera de toda la vida, la queridísima Sylvia Marcos. [Ella y César Añorve, gran amigo de Jean, invitan a los amigos y vecinos acompañarlos al cabo de año este viernes 1ro de octubre a las 11 a.m. en Panteón Chamilpa, Calle Moctezuma, Cuatémoc, Cuernavaca, Mor.]
A continuación un fragmento de su ensayo sobre Chayanov (el campesinista ruso y disidente de la política agraria soviética) del 2006, aunque firmado con un seudónimo (Pierre Bourbaki) que Jean explica al final de su magnífico texto como muestra de que él también es un disidente de la economía formal convencional, transgresor de las fronteras académicas establecidas y excéntrico cuestionador de los axiomas fundamentales del pensamiento social contemporáneo.
"Los bourbakis y los "gays" de la economía y de la política
"¿Por qué escogí el seudónimo de Pierre Bourbaki? No tengo inhibiciones en confesar mi verdadero nombre, Jean Roberto Juan Roberto Zino Alfinal, "el Gringo" según mis vecinos. Pero cuando firmo un artículo con este nombre, pretendo que se respeten mis derechos de autor. En cambio, Pierre Bourbaki no tiene y no puede tener esta pretensión. Ninguna idea de su manifiesto es creación suya. Cada una de sus frases es una cita. Su collage intelectual sólo se puede ofrecer en la esperanza de que los lectores harán el esfuerzo de caminar del enano que lo armó a los gigantes cuyas ideas se atrevió a pegar juntas.
"En Cuernavaca, Marcos escogió escuchar y hablar en la muy digna Iglesia Metropolitana cuyos feligreses no disfrazan su divergencia con la norma sexual formal. Al diferir de la norma económica, Pierre Bourbaki se define como excéntrico, disidente, "gay" de la economía formal e invita a cultivar esta ex-centricidad.
"En la segunda guerra mundial, los bourbakis eran soldados que decían "no" a la guerra franqueando una frontera prohibida. Se les llamó bourbakis en nombre de aquel general francés que, por desertar después de ganar una batalla, fue el hazmerreír de los vencedores de la Guerra de 1870. El hermano de la filósofa Simone Weil inventó un matemático ficticio llamado Nicolas Bourbaki que revolucionó los fundamentos axiomáticos de la matemática. Pierre Bourbaki tiene un poco de cada uno: es trepador ilegítimo de frontera, desertor de la economía respetable y cazador de axiomas y dogmas falsos, pero, aunque sea ficticio tiene quien de la cara por él".
[Ver texto íntegro del ensayo de Pierre Bourbaki aquí: https://umbrales2.blogspot.com/.../chayanov-entre-selva...]

martes, 2 de agosto de 2022

El análisis del fetichismo de las mercancías, aportación primordial de Karl Marx

por Jean Robert

Intervención en el CIDECI de San Cristóbal, 2 de enero de 2011

"[...] En tanto que mercancía, el dinero es, según Polanyi, una mercancía ficticia. Según Marx, es un fetiche, palabra que significa cosa facticia, ídolo. Etimológicamente, las palabras fetiche y ficticio tienen el mismo origen y casi el mismo sentido.
"Pero quedémonos un rato más con Polanyi. Hay dos mercancías ficticias o fetiches más: la tierra y el trabajo. La tierra es naturaleza, y el trabajo coincide con los poderes del cuerpo humano. Ni el dinero, ni la tierra, ni la fuerza de trabajo han sido producidos para la venta en los mercados y por lo tanto, no corresponden a la definición de lo que es una mercancía. Sin embargo, en la sociedad capitalista, tres mercados dominan todos los otros: el mercado del dinero, el mercado de la tierra y el mercado del trabajo. Los tres son mercados en los que, algo que no corresponde a la definición de las mercancías es tratado como mercancía. Son los tres mercados de las mercancías ficticias, pilares de la sociedad capitalista y financiera y que, hoy, sirven más que nunca de pilares a la sociedad capitalista".

[Este texto de Jean Robert fue leído el 25 de abril de 2022 en la sesión #21 del Seminario de lectores de Jean Robert y comentado por Héctor Peña. Leer texto completo en siguiente enlace: https://1drv.ms/b/s!Aj0eqThkCoELu1WVEjUJsotSu9gG?e=WMSPKb]

[Ver video de sesión #21 del Seminario en: https://youtu.be/WxIuL2R6nVs]




lunes, 18 de julio de 2022

Gandhi y la tecnología [1]

por Jean Robert [2]

Gandhi insistía en que lo que aplastaba a la India no era el pueblo inglés, sino la civilización moderna. Es “bajo el peso de este terrible monstruo que gime la India” [3] . Para Gandhi, la raíz de “la civilización moderna” es el maquinismo, que más que el conjunto de todas las máquinas, es la creencia en su bondad, y, más profundamente, la negativa de ver las virtudes del trabajo personal y comunitario, hecho con herramientas simples; es también el desprecio a la autonomía de la persona.

El maquinismo descansa en esta falacia: el esfuerzo humano puede sustituirse por arreglos técnicos e institucionales que producen cosas buenas – bienes y hasta el bien—en lugar nuestro y casi en nuestra ausencia. La máquina dice al hombre: “Ya no trabajes, lo haré en tu lugar y serás libre”. Con ese engaño lo transforma en su esclavo. Durante mucho tiempo hemos confundido a estos “hacedores” mecánicos con herramientas y falsamente les hemos atribuido la lógica de los fines y de los medios.

Gandhi no cometió tal error de juicio. Este simple hecho lo califica como gran pensador. Nunca rechazó la racionalización o el perfeccionamiento técnico de las herramientas. Simplemente se rehusó a atribuirle a las máquinas la cualidad de herramientas o, mejor dicho, se negó a incluir en la categoría de las herramientas cualquier artefacto que pretende volver inútil a un hombre. Lo que él llamaba “las máquinas” pertenece, según él, a una clase distinta, ajena, desconocida por todas las tradiciones de la India. La herramientas ayudan al hombre a trabajar; las máquinas vuelven inútil el trabajo y, pronto, al hombre mismo. Las herramientas pueden definirse como medios distintos a sus fines. Las máquinas, en cambio, abolen la posibilidad de una distinción clara entre medios y fines: ya nadie puede decir claramente que son “medios” y se vuelven perversamente “fines”. Parecería incluso que el fin de la vida humana consiste en servirlas. Las herramientas alientan la labor autogestionada [4]. Las máquinas tienen que ver con el Empleo. Más exactamente, fomentan empleos para destruirlos en seguida, fomentan Empleo nuevo destruyendo Empleo viejo en mayor medida. Este movimiento se llama “modernización” y, desde Schumpeter, se define como “destrucción creativa”.

[......]

[1] Publicado en la revista Ixtus. Espíritu y Cultura, 1998.

[2] Derechos de Sylvia Marcos

[3] Hind Swaraj, Cap, VIII. 

[4] 

[Mientras se vuelven a publicar los libros, ensayos y artículos de Jean Robert escritos en varios idiomas durante un período de 50 años en México y otros lugares, se puede leer el texto completo en: https://1drv.ms/b/s!Aj0eqThkCoELuxlePxx_zDrXKdBg?e=7LMh2M]

[Este texto de Jean Robert fue leído en la sesión #20 del Seminario de lectores de
Jean Robert y fue comentado por su gran amigo Pietro Ameglio el 4 de abril de 2022,
seguido de preguntas y comentarios de los participantes. Ver en siguiente enlace: https://youtu.be/irbSRjOVhvw]



viernes, 3 de junio de 2022

Gustavo Esteva sobre "Una epistemología en tiempos de crisis" (Jean Robert 1988)

En septiembre de 2021, tuvimos el privilegio de escuchar a Gustavo Esteva comentando sobre una reseña escrita por Jean Robert (ambos amigos de Iván Illich) "Una epistemología para tiempos de crisis (V). De la república de los sabios a la moledora de certidumbres" en los años ochenta en un espacio de crítica social dirigido por Esteva (El Gallo Ilustrado, La Reforma, México 1988) ...en ese momento no sabíamos que, al menos para algunos de los participantes, sería la última vez que veríamos a Gustavo. [Se puede ver un fragmento de la semblanza de su amigo Jean que nos obsequió, en ocasión de la lectura del texto en Seminario de Lectores de Jean Robert, pinchando en: https://youtube.com/clip/UgkxC5a_FWJdS_fDzNd6sDnGxVx6u0mvuzqu]






Presentación de Los cronófagos de Jean Robert (2021) en Wayruru Café Cultural de La Paz (Bolivia)

Este video muestra la presentación semipresencial el jueves 7 de abril (2022) en Wayruru Café Cultural de La Paz del libro de Jean Robert “Los cronófagos. La era de los transportes devoradores de tiempo” (México, Ítaca 2021). Un libro demoledor de las certidumbres modernas (velocidad, espacio, tiempo) respecto al transporte motorizado de pasajeros en la modernidad tardía de fines del siglo XX y que se ha vuelto más que contraproducente en este siglo. Estuvieron presentes Katherine Fernández como moderadora, Hernando Calla, Juan Carlos Guzmán en La Paz y, de manera virtual, Fernando Antezana desde Cochabamba, Grimaldo Rengifo desde Lamas (Perú), Elías González de Guadalajara y desde Cuernavaca (México) Alicia Dorantes y Sylvia Marcos, la compañera de vida de Jean Robert.

Todos ellos nos obsequiaron magníficas reseñas, comentarios e historias de “Los cronófagos” y de su autor, Jean Robert, nacido en Suiza de formación arquitecto urbanista y temprano activista contra el predominio del automóvil en Ámsterdam, y que en compañía de Sylvia se asentó en Cuernavaca (Morelos) y se hizo intelectual desprofesionalizado publicando innumerables libros, ensayos y artículos de crítica social sobre una amplia gama de temas fundamentales en México y otros países. Fue también profesor universitario, filósofo callejero, pensador caminante y amigo tertuliante desde la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y La Salle de Cuernavaca.

Te invitamos a ver el video Youtube de esta tertulia informada y gentilmente grabada por Héctor Betancourt, animador del Dragón de Jade. Le seguirá próximamente otro video del evento más presencial en el Wayruru cuya anfitriona Raquel Romero nos recibió cordialmente en la fecha para esta memorable presentación y tertulia [Ver en siguiente enlace: https://youtu.be/qWPYNxonhs8].







La guarda del ojo en la época del show

por Jean Robert

"Sin embargo, el historiador de la mirada debe reconocer que ningún régimen escópico ejerce un monopolio absoluto sobre su tiempo. Formas pasadas de mirar sobreviven. La mirada psicopódica que toca los objetos puede volver esporádicamente como una carroza en el tiempo de los carros. El monopolio de los transportes motorizados no ha logrado paralizar mis pies. Me es aún posible caminar en la ciudad. Puedo aún mirar activamente, lo cual significa lo contrario de la integración a sistemas interactivos. Quizás es en estos remanentes de regímenes escópicos pasados donde puedo recobrar libertad y dignidad. Para no entregarme, no dejarme absorber por los shows y juegos interactivos puedo, contra la lógica de esta edad escópica, reconstruirme un punto de vista. Puedo cometer actos selectivos de renuncia y de irreverencia. Puedo romper el encanto, cortar la conexión, desenchufarme".
Jean Robert, "La guarda del ojo en la época del show", Cuernavaca 2004 [El texto completo se puede leer en siguiente enlace: https://1drv.ms/b/s!Aj0eqThkCoELvAMqLp9GpmFMxjmF?e=8kJumy]

[Este artículo de Jean Robert fue leído en la sesión #19 del Seminario de lectores de
Jean Robert y fue comentado por la Dra. Silvana Rabinovich el 21 de marzo de 2022,
seguido de preguntas y comentarios de los participantes. Ver en siguiente enlace: https://youtu.be/M9SON9AHirM]




sábado, 2 de abril de 2022

La destrucción de la “capacidad de hacer ciudad”

 (hacia una “sintaxis” del urbanismo popular)

 por Jean Robert

En esta sección, se abordan formas de despojo que no se pueden caracterizar como delitos porque generalmente no infringen leyes o reglamentos existentes. Además, son despojos que no se pueden siempre definir como violaciones de derechos individuales.

     En esta categoría cae la destrucción de los tejidos sociales. Lo que se define así no tiene dueño individual ni se puede defender como un derecho individual: su destrucción no afecta necesariamente los intereses inmediatos de ciudadanos particulares. Lo que afecta es un sentimiento general que podríamos definir como la amenidad de la experiencia urbana, la esperanza razonable de no sufrir agresiones en las calles o hasta de tener conversaciones amables con mis vecinos. La destrucción de los tejidos sociales no es el robo de una propiedad. Es la destrucción de un bien común, de un ámbito de comunidad, de “a commons” como dicen sucintamente los anglohablantes.

     De forma general, lo que se pierde en esta destrucción, es la capacidad ciudadana de “hacer ciudad”. Esta destrucción confronta a los ciudadanos a un monstruo urbano en él que no se reconocen, a un producto enajenado de su trabajo.

     Hemos intentado definir varias formas de las relaciones “poli-poéticas” (creadoras de ciudad) actualmente amenazadas.

Las relaciones de soporte mutuo

     Hace relativamente poco tiempo, en una calle típica de una ciudad, existía un orden profundo entre las actividades de varios tipos de esta misma calle. Como no obedecía a ninguna planeación, este orden podía parecer caótico. Lo podríamos definir como la complementariedad espontánea entre actividades económicas vecinas o actividades “de proximidad”. Por ejemplo, una vendedora de botanas colocará su puesto a proximidad de una escuela. Es posible que un vendedor de bebidas gaseosas escoja poner su changarro a proximidad del puesto de botanas. Se establecen así relaciones de soporte mutuo entre la escuela y los puestos de botanas y de bebidas. En el curso de los años, tales relaciones se entrelazan y estructuran las calles, constituyendo un patrimonio intangible.

Las asociaciones

     Los clubs de foot-ball de barrio, las pequeñas corales, las asociaciones deportivas, los círculos de debates de todo tipo, las tertulias son parte del tejido social de una ciudad. Constituyen otro patrimonio intangible amenazado de depleción por los grandes proyectos frecuentemente inútiles.

La prosperidad de los pequeños y medianos comerciantes

     Estos comerciantes, que son locales, no sólo reinvierten sus ganancias en la ciudad, sino que suelen participar en su vida asociativa. Las mega-tiendas, que exportan sus ganancias a bancos extranjeros, arruinan a los comerciantes locales, fomentan miseria y destruyen las asociaciones.

Las formas de diseño urbano que contribuyen a la seguridad sin necesidad de policías

     Se sabe que por lo menos tres características contribuyen a la seguridad de una calle:

-         una clara demarcación entre lo público y lo privado (debe haber umbrales claros);

-         que las casas tengan “ojos”, es decir ventanas sobre la calle;

-         que haya una gran diversidad en las razones de los transeúntes por estar en la calle.

Otros patrimonios intangibles son: 

La diversidad social de los habitantes de la ciudad.

     Si existe esta cohabitación de gente de varias condiciones, se crean fácilmente relaciones de soporte mutuo entre los más ricos y los menos ricos. En muchas ciudades, se establecen “mancuernas” entre un barrio de clase media cuyos habitantes buscan servicios de jardineros, de amas de llaves o de limpiadores de albercas y un barrio popular que ofrece estos servicios. Ejemplo: las relaciones entre los barrios de Las Delicias y de la

 Barona en Cuernavaca.

     A contrario, los barrios habitados por gente de la misma clase social son generalmente guetos, “gated communities”, conjuntos habitacionales guardados por una “pluma”.

 La visión del urbanismo como un “baile social”

o como una conversación entre interlocutores diversos

y no como un simple catálogo de equipamientos

      En el urbanismo tradicional, como en los barrios populares, cada habitante de la ciudad intentaba decir o hacer su parte en el concierto general. Las calles siempre estaban pobladas por gente a pie que se encontraba, se interpelaba, conversaba. Esta vivacidad de la vida callejera reflejaba una pluralidad de intenciones de la cual, como en una conversación no dirigida, podía nacer una complejidad poli-temática.

     En cambio, la planificación urbana contemporánea es monotemática; es una planificación desde arriba en la que el ciudadano se ve despojado de toda participación efectiva. Su tema dominante es la ganancia económica, la especulación.

 Los barrios llamados informales, despectivamente llamados “barriadas”

     Estos son otro patrimonio intangible por ser condensados de experiencias urbanas pasadas, como el uso intensivo del espacio y frecuentemente, al mismo tiempo laboratorios de experiencias sociales novedosas, como la creación de “hamacas” de apoyo mutuo entre vecinos. El caso ejemplar es aquí el de Perú, que, en los años 1960 y 1970, sirvió de modelo en toda América latina.

     En 1957, la Comisión para la Reforma Agraria y la Vivienda publicó un documento innovador que fomentó un cambio de actitud general. Antes de 1957, los barrios “informales”, “callejones” o “conventillos” se veían como un “problema” y tenían que ser rodeados por bardas librando los visitantes y turistas de su “incómoda vista”. Después de 1957, se vieron como “parte de la solución”, cayeron las bardas y fueron llamados pueblos jóvenes. Se reconoció que el sector informal construía aproximadamente la mitad de las viviendas y constituía el mayor potencial constructor de la nación. En vez de las políticas de erradicación u ocultación, se diseñaron políticas de apoyo.

     A partir de la experiencia de Perú, en muchos países de América latina, se empezó a revalorar la contribución del sector informal, no sólo a la construcción de viviendas, sino al urbanismo mismo y a la vitalidad de la ciudad. En 1976, la conferencia “Habitat” de Vancouver sobre los asentamientos urbanos convocada por las Naciones Unidas celebró las aportaciones al urbanismo del sector informal, es decir de los pueblos jóvenes y otros barrios auto-edificados y auto-administrados de las ciudades. En condiciones de extrema precariedad, gente joven y dinámica redescubría el “arte de hacer ciudad”, edificando barrios poli-céntricos con usos del suelo diversificados. Muchos cultivaban jardines urbanos. Redescubrían que la convivencia urbana no es un asunto de dinero, sino de subsistencia común.

     En México, gente oriunda de diversas partes del país, recreaba sustituto de las relaciones de parentesco tradicionales constituyendo verdaderas “hamacas de apoyo mutuo”.

     Hace más de 40 años, varios países de América latina, siguiendo el ejemplo de Perú, se orientaron hacia políticas de apoyo de los constructores autónomos practicando la autogestión más que la autoconstrucción de sus viviendas.

     Desgraciadamente, desde el inicio de las políticas neoliberales en los años 1980, estas políticas han sido ridiculizadas y luego suprimidas, lo que constituye un atropello mayor contra las iniciativas populares, la amenidad de la ciudad, la diversidad y la seguridad de las calles.

[Este texto de Jean Robert fue leído en la sesión #18 del Seminario de lectores de Jean Robert y fue comentado por la Dra. Silvia Grünig el 7 de marzo de 2022, seguido de preguntas y comentarios de los participantes. El enlace al video en Youtube aquí: https://youtu.be/UybieHpbFQs]



lunes, 31 de enero de 2022

Reflexiones sobre un “capitalismo lingüístico”: la represión de voces indígenas y de voces de mujeres

por Jean Robert

Escuchar a los que hablan de sí y de nosotros en su propia voz

Uno de los aspectos de la propuesta electoral del CNI es que va permitir escuchar a indígenas reivindicándose como tales, es decir hablando en su propia voz de cosas que les atañen en lo más cercano y que, sin embargo, no son productos de un acto de poder o una planeación sino que les son dadas. Son cosas como sus territorios, sus costumbres, sus lenguas, la medicina tradicional y, con ella, la percepción del propio cuerpo – su “autocepción” como dice la historiadora Barbara Duden – pero también la migración indígena a las grandes ciudades y, ahí, la reconstrucción de lazos comunitarios. La iniciativa indígena de hablar en su propia voz es una invitación a todas las comunidades del país a buscar su propia voz también.

Esta reconstrucción u “organización” es el centro de la propuesta política y organizativa indígena y, por lo tanto, nos concierne también a los que no somos indígenas. El hecho que la aspirante indígena a la candidatura presidencial sea médica tradicional manifiesta la urgencia de hablar en voz propia sobre el propio cuerpo y el territorio en el que se inserta, pero también de confrontar la dificultad de mantener viva esta voz. Escuchar a quien es capaz y tiene el valor de hablar en su propia voz es una invitación a hacerlo también en nuestros lugares. Sólo pueden tejer una relación auténtica con otros los que son capaces de hablar de lo que más les atañe y de escuchar a quienes también lo hacen.

Un rodeo lleno de enseñanzas por la lingüística

Hablando de la palabra voz, les recuerdo que lo que los lingüistas llaman voces son dos formas verbales que sobreviven en los idiomas de Europa del norte: la voz activa y la voz pasiva. Ejemplo: yo como la manzana, forma activa, y la manzana es comida por mí, forma pasiva. Entre los lingüistas, existe la hipótesis de que este dualismo gramatical es la reducción de una pluralidad de voces que, en el sur de Europa, es todavía posible imaginar, pero menos en el norte. El ejemplo clásico es el griego, idioma en el cual existe una voz media, o medio-pasiva. En primera aproximación, se puede decir que la voz medio-pasiva corresponde a una conjugación con forma pasiva y sentido activo. Tomemos por ejemplo el verbo activo griego skopeo, considero, del cual deriva una palabra como radioscopia; su forma medio-pasiva es skeptomai que, en griego moderno, tiene el sentido de “yo pienso” y de la cual deriva la palabra escepticismo. Muchos lingüistas consideran que en español - otro idioma del sur de Europa – el pronombre reflexivo (me parece, se me hace que…) – puede ser un marcador no gramatical de la voz media. Además, el participo pasado de la forma pasiva –“la casa fue – o quedó - terminada en enero” – tiene un sentido ambiguo, ya que “terminada” se puede entender a la vez como forma verbal y como adjetivo. En otras palabras: en español existe una memoria de la voz media y la voz pasiva es ambigua.

Fascinación por la erudición inútil y reconocimiento de sus límites

Esta digresión sólo sirve para recalcar que los hispanohablantes aún tenemos un acceso marginal a formas de expresión que los hablantes de los idiomas europeos del norte han perdido casi por completo. Ya que abrí la puerta a la erudición inútil – como decía Foucault – agravaré mi caso permitiéndome llevar la erudición hasta la pedantería profesoral: la cuestión de una dualidad – o de una pluralidad – de voces verbales se conoce en lingüística como la cuestión de la diátesis verbal. Sin embargo, mi ignorancia me impide arriesgarme al terreno arduo que valdría la pena explorar aquí: él de las lenguas mesoamericanas. Sólo puedo citar a los pocos nahuatlatos que consulté. Me convencieron de que el nahuatl conoce la diátesis de la que me dieron el ejemplo siguiente: ni-c-tlazohta in cihuaatl: amo a la mujer, ni-tlazohtla-lo: soy amado. Lo que no permite decir el nahuatl es soy amado por la mujer, en otras palabras el nahuatl conoce una voz pasiva sin agente. En vista de lo que sigue, me pregunto si no sería más correcto hablar de una voz media del nahuatl, más que de una voz pasiva, concepto gramatical europeo y moderno. ¡Úf!

Para discutir este punto, regresemos a los idiomas europeos cuya gramática nos es más familiar a los que somos no-indígenas. Defenderé una tesis del lingüista francés Émile Benveniste.[1]

La desaparición de la voz media de los idiomas europeos

Fuera del griego y, parcialmente del español, los idiomas europeos modernos solo tienen dos voces verbales: la voz activa y la voz pasiva. Lo que las diferencia es que, en la voz activa, el sujeto actúa sin verse afectado por el proceso verbal mientras que, en la voz pasiva, el sujeto es afectado, se vuelve “paciente”, sin poder actuar. En otras palabras, la voz activa provee el sujeto con un poder exterior sobre el objeto, una exterioridad que me parece corresponder al cogito cartesiano: soy maestro absoluto de la manzana que como y mi ser se confunde con este poder: soy maestro de la naturaleza que la tecnología me permite dominar y cuyos padecimientos no me deben de afectar. La voz pasiva, en cambio, resta al sujeto (o al objeto-vuelto-sujeto gramatical) toda forma de poder sobre un acontecer que sólo puede sufrir pasivamente. En los idiomas antiguos de Europa, existía una voz “intermedia” que permitía al sujeto expresar que estaba íntimamente involucrado con este acontecer a punto de considerarlo como parte íntima de su ser y de experimentar amor o rechazo por él (posible ejemplo: amor profundo a mi cultura nativa y, simultáneamente, rechazo visceral de sus aspectos sexistas). Las voces gramaticales de las lenguas del norte de Europa – con una reserva para el viejo alemán - han perdido la capacidad de expresar estas afectaciones.

La tesis de Benveniste es que la oposición entre una voz que presupone un sujeto todopoderoso, exterior e indiferente a los efectos de su acción y, por otro lado, una voz “esclava”, sumisa, pasiva es una reducción de una multiplicidad pasada de voces. Califiquemos de medias estas voces verbales que no son ni activas ni pasivas sino “otras” o, como dice la gramática griega de su voz media, medio-pasivas. Casi podríamos decir que el dominio de las voces activa y pasiva y la pérdida de la voz media son expresiones de un “capitalismo lingüístico” – hay una voz de “amo” y una voz de “esclavo”. Según Benveniste, la polaridad voz activa – voz pasiva resultaría de un empobrecimiento lingüístico que restó al sujeto, tanto activo como pasivo, su capacidad de hablar en forma natural de cuán íntimamente el acontecimiento descrito por el verbo lo involucra. Perdida esta capacidad de expresar que un acontecimiento que no controlo involucra todas les fibras de mi ser, pudieron florecer, por ejemplo, los sentimentalismos nacionalistas que revisten con palabras altisonantes y vacías mi ausencia de afecto arraigado por el territorio en que “me tocó vivir”. El volver a cultivar la voz media perdida podría contribuir a articular un discurso liberado de las ojeras tanto nacionalistas como capitalistas. Pero, ya que (casi) ha desaparecido el concepto de voz media, es imposible.

Mujeres hablando de un acontecimiento “muy de ellas”

Lo que podemos hacer, es escuchar la voz de personas que hablan en su propia voz de sí y de cosas que les atañen en lo más profundo. El caso que presentaré es el de mujeres alemanas hablando de una experiencia muy de mujeres: el “embarazo”, palabra de observadores exteriores con ojo masculino. Este sustantivo expresa el embargo de conocimientos científicos exteriores sobre una experiencia íntima de mujeres que, cuando ellas la comentan entre sí, prefieren hacerlo en forma verbal. El viejo alemán – así como varios dialectos – permite hacerlo, llamando esta experiencia el Schwangergehen, de schwanger, embarazada y gehen, ir. La historiadora del cuerpo alemana Barbara Dueden, de la que estoy traduciendo en este momento un largo ensayo al francés,[2] ve en el verbo schwangergehen lo que el viejo alemán puede ofrecernos de más cercano a un redescubrimiento de la voz media.

Ahora bien, ¡ojo! La comparación que haré entre los saberes callados de las mujeres y los saberes callados de las y los indígenas no significa para nada que los indígenas sean “femeninos” en relación a los mestizos “machos”. Significa que, como los saberes de las mujeres alemanas, los saberes de los y las indígenas han sido callados demasiado tiempo. Significa que, tanto las mujeres como los indígenas, son portadores de saberes reprimidos.

Presentada sucintamente, la tesis de B. Duden es que, desde la Antigüedad hasta mediados del siglo XX, los saberes nacidos de la experiencia íntima del “ir embarazada” y los conocimientos exteriores, “librescos”, no sentidos ni vividos y epistémicamente “masculinos” sobre el “embarazo” se mantenían en equilibrio; dice también que, en última instancia, prevalecía el saber de las mujeres. Existe un abismo entre ambas formas de verdad.

Hasta la mitad del siglo XX, y hasta hoy en las regiones poco tocadas por la occidentalización-modernización del mundo, estos dos tipos de verdad mantuvieron simultáneamente su autoridad respectiva.

Algunas antropólogas sociales reportan las declaraciones de mujeres embarazadas que perciben su estado en forma muy distinta de la de las mujeres modernas, “desarrolladas”, urbanizadas. Algunas de estas antropólogas expresan su sorpresa frente a la larga duración de algunas certezas somáticas femeninas. En los años 1930, por ejemplo, la mayoría de las campesinas sicilianas no podían admitir que sus esfuerzos para restablecer su flujo menstrual mediante un conjunto de hierbas y con la ayuda de una partera pudieran ser calificados de tentativas de aborto.[3] En la región montañosa del norte de Ecuador, las mujeres no quieren oír que ser embarazada es albergar un “feto”, una cosa de biólogo que, solo en la cabeza de aquellos, puede ser conceptualmente aislada del cuerpo de la mujer.[4] En Ecuador, esas «criaturas » son seres liminales que no pueden ser imaginados separados de la mujer embarazada. Por muy polimorfas que puedan ser, las experiencias y las percepciones de las mujeres,[5] su rechazo conceptual de un no-nacido separado del cuerpo de la mujer que lo carga era unánime.[6]

Una forma de conocimiento sobre un asunto de mujeres enteramente distinta del saber vivido de las mujeres

Toda reflexión sobre el pasado de las percepciones del (aun) no-nato – que sea en el mundo antiguo, medieval o premoderno, o en una cultura descalificada como “subdesarrollada” hoy -, debe empezar por reconocer que lo que quieren decir los filósofos, los hombres de iglesia o los juristas cuando pronuncian las palabras “embarazo” y “feto” procede de una forma de conocimiento radicalmente diferente de la experiencia de las mujeres.

Lo que ellas saben del estar embarazada – del Schwangergehen – lo saben por haberlo vivido o vivirlo. En cambio, en los discursos de las ciencias naturales, de la ginecología o de la teología, el embarazo – un sustantivo – es un estado del cuerpo sobre el cual se pueden hacer declaraciones y construir razonamientos morales (…). El saber somático interno y el saber sistematizable “sobre” pertenecen a constelaciones diferentes. Es la razón por la cual insisto en distinguir cuidadosamente el nombre verbal volverse embarazada (el Schwangergehen) del sustantivo el embarazo (die Schwangerschaft).[7]

La pérdida de la voz media y sus consecuencias

Hablar en forma verbal de este acontecimiento (el ‘ir-embarazada’) es, en cierta forma, recobrar los poderes de la voz media. En cambio el definirlo entitativamente mediante un sustantivo (el embarazo) es ofrecerlo a poderes exteriores, “extra-femeninos”. Sin embargo, el contraste entre estas dos formas de hablar se ha vuelto imperceptible hoy, porque casi se ha perdido el sentido de la voz media.

El verbo viejo-alemán schwangergehen expresa semánticamente la voz media que las lenguas europeas modernas, con pocas excepciones, han eliminado. Esta voz media se refería a una modalidad del hacer que no era ni activa ni pasiva y que permitía hablar de “mi” implicación personal en un estado dado. Este estado era algo que me ocurría según la modalidad de los viejos verbos impersonales de sensación[8] que volvían decible – como se dice «llueve» - que algo «se me presentara» o “se me ocurriera” como un motivo de presentimiento, de ganas, de sufrimiento que hoy expresaríamos por los verbos activos “presiento”, “tengo ganas”, “tengo dolores”. La desaparición de estas modalidades del hablar señala una ruptura en la experiencia somática que facilitó la transición de una función referencial somática a une función referencial categorial del ego. La progresiva desaparición del verbo schwangergehen, por ejemplo y su reemplazo por el sustantivo embarazo – la autora habla del embarazo entitativo – visualizado técnicamente por la ecografía y separado del cuerpo materno por la terminología médica es un indicio de la oposición conflictiva entre la percepción somática y la imputación categorial.

Lo que hace la historiadora Barbara Duden en “sus territorios”

Conozco a la historiadora del cuerpo Barbara Duden desde más de treinta años. Para ella, el cuerpo moderno, cartografiado por la anatomía y la fisiología, no es la representación de una última verdad, sino una construcción histórica, producto de determinada época. El cuerpo moderno es iatrogénico, es decir construido por los médicos (iatros= médico en griego). Es además tecnogénico, en gran parte engendrado por tecnologías que permiten “ver” su interior, iluminar “la oscuridad bajo la piel”, como dice.

Este cuerpo iatrogénico y tecnogénico ha sido constituido, desde por lo menos el siglo XV, por capas sobre capas de descripciones en su gran mayoría masculinas. En el caso de descripciones del cuerpo femenino, el autor masculino de la descripción queda exterior a la realidad que ilustra y de la que no tiene la menor percepción interna, vivida. Según Barbara Duden, el cuerpo descrito por los médicos extingue las percepciones somáticas, particularmente de las mujeres. En griego, cuerpo se dice soma, palabra que, contrariamente a la palabra latina corpus, no se refiere al cuerpo visto desde afuera, sino a la realidad humoral bajo la piel, cuyos flujos sentimos adentro.

Sería inútil negar los inmensos poderes de la medicina moderna. Puede mantener moribundos en vida mucho tiempo, alargar la “esperanza de vida” de las poblaciones, permitir que mujeres puedan concebir después de la edad de la menopausia o que mujeres jóvenes renten su cuerpo a parejas viejas para la gestación de un hijo suyo. Ha encontrado también remedios a la mayor parte de las enfermedades infecciosas de las que, en otros tiempos, morían muchos bebés y niños. Pero los médicos no pueden hacer lo que pueden la mayor parte de las parteras, como por ejemplo reacomodar con las manos la posición del niño por nacer en la matriz. En los casos difíciles, los médicos recomiendan la cesárea.

En Alemania, los saberes de las parteras son saberes reprimidos considerados obsoletos por el orden de los médicos. Su represión se ha incrementado desde que se rompió el equilibrio entre los saberes somáticos experimentados de las mujeres y los conocimientos librescos y cartografiados de los médicos. Las parteras, que necesitan tener una licencia para practicar, están bajo la lupa. Su arte es tolerado cuando se redefinen como auxiliares de la medicina obstétrica. Se les recomienda ejercerlo bajo control de un médico. El año pasado, una reconocida partera alemana atendió un parto difícil en el que murió el niño. Fue traída delante de un juez que la acusó de homicidio so pretexto que el no haber acudido a un hospital en el que se hubiera practicado una cesárea fue una terquedad criminal y la causa de la muerte. El juez ordenó la suspensión de su licencia y la condenó a siete años de cárcel y al pago de una compensación por “daños y perjuicios” de cientos de miles de euros.

Barbara Duden, que se gana la vida como profesora de universidad, es capaz de cruzar la mitad de Europa para reunirse un fin de semana con parteras alemanas, austriacas, suizas, italianas. Quiere fomenta con ellas una resistencia somática al rompimiento del equilibrio entre los saberes somáticos íntimos de las mujeres y los conocimientos exteriores, “librescos” y científicos de los médicos. Insiste también en recobrar los vestigios de voz media que habían permitido a las mujeres hablar de sus experiencias en voz propia.



[1] Émile Benveniste, “Actif et moyen dans le verbe”, Problèmes de linguistique générale, Paris : Gallimard, 1966, p. 168-175.

[2] Barbara Duden, “Zwischen ‚wahrem Wissen’ und Prophetie. Konzeptionen des Ungeborenen” (Entre conocimiento verdadero’ y profecía. Concepciones del no-nacido”, en Bárbara Duden, Jürgen Schlumbohn y Patrice Veit, Geschichte des Ungeborenen. Zur Erfahrungs- und Wissenschaftsgeschichte des Schwangerschaft, 17.-20. Jahrhundert (Historia del [aún] no-nacido. La historia de la experiencia del embarazo vs la historia de su ciencia), Göttingen: Vandenhoek & Ruprecht, 2002.

[3] Nancy Triolo, “Famiglia, aborto e ostetriche in Sicilia (1929-1940)”, in Giovanna Fiume (éd.), Madri, storia di un ruolo sociale, Venecia, 1995, p. 247-266.

[4] Lynn Morgan, “Imagining the unborn in the Ecuadoran Andes”, in Feminist Studies 23, 1997, p. 323-350.

[5] Ibid., p. 328: “En San Gabriel, el feto nunca se pensaba en independencia de la mujer embarazada [...]. En Quito, me enfrenté a un silencio casi total cuando me atreví a hacer preguntas sobre el tema del feto”.

[6] Barbara Duden, “Zwischen wahrem Wissen und Prophetie…” op. cit.

[7] Barbara Duden, op. cit.

[8] El ejemplo clásico de un verbo impersonal es llover, un verbo impersonal climático. Construidos según el modelo de «llueve», el latín conoce verbos impersonales de sensación como taedet, disgusta, repugna, paenitet, es de lamentar. Esos verbos denotan un estado psicológico que «me acontece», expresándolo como si se tratara de una acción sin sujeto.